Cada año pasa lo mismo. Cambia el calendario y sentimos que todo tiene que cambiar con él. Nos llenamos de metas, listas, vision boards y frases bonitas que prometen que ahora sí todo será distinto. Y no es que esté mal querer crecer. El problema es cuando empezamos el año creyendo que todo depende de nosotros… y se nos olvida quién sostiene realmente la vida.
Queremos un año ordenado, claro, predecible. Queremos saber a dónde vamos, cuánto va a durar el proceso y cuándo va a doler menos. Pero la vida con Dios nunca ha sido una agenda perfectamente planeada. Es un camino. Y muchas veces, uno que se recorre a tientas, confiando más que entendiendo.
Decimos que confiamos en Dios, pero la verdad es que muchas veces solo confiamos mientras las cosas salen como esperábamos. Cuando el plan se cae, cuando el tiempo se alarga, cuando la herida sigue abierta, empezamos a dudar. Y no porque seamos malos creyentes, sino porque somos humanos. Confiar cuesta. Soltar cuesta. Caminar sin certezas cuesta.
Este año nuevo no viene con la promesa de que todo será fácil. Viene con la invitación de volver a elegir a Dios, incluso cuando no entendamos lo que está haciendo. Porque confiar no es sentir paz todo el tiempo; confiar es decidir no soltar su mano, aunque el camino se complique.
Dios no trabaja con vision boards, pero sí con corazones disponibles. No responde a listas de exigencias, pero sí a la entrega sincera. A veces creemos que Dios llega tarde, cuando en realidad está trabajando profundo. A veces pensamos que nos está quitando algo, cuando nos está preparando para algo mejor, aunque aún no lo veamos.
Tal vez este año no se vea como lo imaginaste. Tal vez Dios quiera sorprenderte, pero para eso necesitas dejar de tener todo bajo control. Porque mientras más apretamos, menos espacio dejamos para que Él actúe.
La vida nueva no empieza cuando todo se acomoda. Empieza cuando, en medio del caos, decides decir: “Señor, no entiendo, pero confío.” Cuando eliges caminar con Él incluso con miedo, incluso con dudas, incluso con el corazón cansado.
Este año no te prometas perfección. Prométete fidelidad. No te prometas entenderlo todo. Prométete no caminar solo. Porque al final, la verdadera paz no está en que todo salga como planeaste, sino en saber que Dios sigue siendo Dios… incluso cuando tus planes cambian.





Qué bonito, justo por lo que pasamos a diario y nos olvidamos quién nos sostiene. Agradezco a Dios por poner en mi camino este grupo ❤️🩹 lo necesitaba