No hay productos en el carrito.

IMG_1536
FEVida

Soltar el control: el verdadero propósito de año nuevo

Cada año pasa lo mismo. Cambia el calendario y sentimos que todo tiene que cambiar con él. Nos llenamos de metas, listas, vision boards y frases bonitas que prometen que ahora sí todo será distinto. Y no es que esté mal querer crecer. El problema es cuando empezamos el año creyendo que todo depende de nosotros… y se nos olvida quién sostiene realmente la vida.

Queremos un año ordenado, claro, predecible. Queremos saber a dónde vamos, cuánto va a durar el proceso y cuándo va a doler menos. Pero la vida con Dios nunca ha sido una agenda perfectamente planeada. Es un camino. Y muchas veces, uno que se recorre a tientas, confiando más que entendiendo.

Decimos que confiamos en Dios, pero la verdad es que muchas veces solo confiamos mientras las cosas salen como esperábamos. Cuando el plan se cae, cuando el tiempo se alarga, cuando la herida sigue abierta, empezamos a dudar. Y no porque seamos malos creyentes, sino porque somos humanos. Confiar cuesta. Soltar cuesta. Caminar sin certezas cuesta.

Este año nuevo no viene con la promesa de que todo será fácil. Viene con la invitación de volver a elegir a Dios, incluso cuando no entendamos lo que está haciendo. Porque confiar no es sentir paz todo el tiempo; confiar es decidir no soltar su mano, aunque el camino se complique.

Dios no trabaja con vision boards, pero sí con corazones disponibles. No responde a listas de exigencias, pero sí a la entrega sincera. A veces creemos que Dios llega tarde, cuando en realidad está trabajando profundo. A veces pensamos que nos está quitando algo, cuando nos está preparando para algo mejor, aunque aún no lo veamos.

Tal vez este año no se vea como lo imaginaste. Tal vez Dios quiera sorprenderte, pero para eso necesitas dejar de tener todo bajo control. Porque mientras más apretamos, menos espacio dejamos para que Él actúe.

La vida nueva no empieza cuando todo se acomoda. Empieza cuando, en medio del caos, decides decir: “Señor, no entiendo, pero confío.” Cuando eliges caminar con Él incluso con miedo, incluso con dudas, incluso con el corazón cansado.

Este año no te prometas perfección. Prométete fidelidad. No te prometas entenderlo todo. Prométete no caminar solo. Porque al final, la verdadera paz no está en que todo salga como planeaste, sino en saber que Dios sigue siendo Dios… incluso cuando tus planes cambian.

IMG_1110
ApóstolesFEVocación

Fe que espera, esperanza que ama

La esperanza y la fe preparan el corazón para recibir, acoger y compartir el
don más sublime e inmerecido: el amor incondicional de Dios. Porque quien cree
sin límites y espera sin límites es aquel que ama y se sabe amado sin límites.
Podríamos definir la esperanza como la paciencia ante el tiempo de Dios, un
kairós: el tiempo oportuno que Él tiene para manifestarse plenamente en nuestra
vida. La primera oportunidad concreta que tenemos para ejercitar esta virtud es la
obra misma que Dios realiza en nosotros. Saber esperar y confiar en que Él está
actuando según su plan; nuestra única tarea es disponernos con docilidad.
La fe nos conduce a la esperanza y, junto con ella, nos encamina hacia la
perfección, que es la caridad.
A la esperanza, muchas veces, la frena la indignidad: un sentimiento que
siempre estará presente por dos razones. Primero, porque conocemos nuestra
propia miseria y nuestra condición de criaturas frágiles. Y segundo, porque el
demonio aprovechará esa realidad para sembrar desconfianza y evitar que nos
abandonemos plenamente a los planes de Dios. Confiar de verdad implica
entregarle todo lo que somos, dejar que actúe y soltar por completo el control.
La confianza y la espera que tengamos en Dios se convierten,
inevitablemente, en un punto de referencia para quienes caminan a nuestro lado.
Sin embargo, este no debe ser el motor de nuestra confianza. Ese motor ha de ser
el amor y la esperanza que brotan de una relación íntima con Dios: de un conocerlo
tan profundamente que nos dé la certeza de que nadie puede obrar como Él, por
más poderoso o influyente que sea.
Tomemos como modelos de la esperanza a José y María, quienes supieron
acoger con valentía y amor los planes de Dios en sus vidas. Confiaron en que las
promesas recibidas llegarían a su cumplimiento, no por sus propias obras, sino por
la gracia de Dios, dejándolo actuar sin limitaciones. Quien espera en el Señor
nunca se verá defraudado.