No hay productos en el carrito.

IMG_2969_Original
FEVida

Amar con toda el alma

Humanamente cuesta tanto… se dice y se escucha fácil, pero ¿qué implica realmente ser vulnerable?

Ser vulnerable es dejar que el otro nos vea tal cual somos. Es abrir el corazón de par en par, sin filtros, sin máscaras… y sí, da miedo. 

Da miedo porque implica confiar, porque implica soltar el control, porque significa permitirnos ser vistos en nuestra verdad más profunda.

Pero también es reconocer que el otro no es una amenaza, sino un don.

Es mirar a la otra persona no solo en lo bueno, sino en todos los matices que vienen con ella. Es amar sin idealizar, pero también sin huir cuando la realidad se vuelve incómoda.

Y en medio de todo esto, hay una verdad que no podemos olvidar: tu corazón es tierra sagrada.

Y quien quiera entrar, se tiene que descalzar.

Buscamos amar… pero pocas veces nos preguntamos si realmente estamos dejando que nos amen. Porque ser vulnerable no es solo dar, también es recibir. Es permitirnos sentir, pero sobre todo, confiar.

Dios nos invita a eso.

Nos invita a confiar.

A amar con toda el alma, sin reservas.

A dejar de medir, de protegernos a medias, de amar “hasta cierto punto”.

Salga bien o salga mal, el llamado es claro: ama como Dios te ama.

Un amor que no se guarda nada.

Un amor que no calcula.

Un amor que se entrega, aun sabiendo que puede doler.

Porque si amas con reservas… ¿cómo vas a descubrir hasta dónde eres capaz de amar?

Con Dios, incluso el riesgo tiene sentido.

Dios no pone anhelos en nuestro corazón  que no puedan ser realizados.

De nuestra herida nace el don. No porque la herida sea buena en sí misma, sino porque en manos de Dios se transforma.

Por eso, déjate encontrar.

Déjate custodiar.

Déjate amar.

Porque anhelas amar, sí… pero también fuiste hecho para ser amado.

Y ninguna herida es más grande que el amor de Dios.

Ninguna historia está demasiado rota.

Ningún corazón está demasiado lejos.

Al final, eres por lo que hay en tu corazón.

Y cuando ese corazón se atreve a amar sin reservas, sostenido en Dios… descubre que fue creado para mucho más de lo que imaginaba.