Durante 25 días, estaremos repasando, aprendiendo y orando muchos de los nombres con que Dios se ha presentado a sí mismo. Cada uno de ellos nos muestra una faceta de Dios.
Yahvéh Ganna es el Dios celoso. Dios abraza a su pueblo: Israel. Lo cuida, lo saca de la esclavitud de Egipto. Lo guía en el desierto: a veces como una nube, como una columna.
Se traduce como “Mi Señor” o “Señor mío.” Y tiene un significado de expresarle a la otra persona, en este caso, a Dios, un sentido de pertenencia, como amo o dueño.
Nissi (Ex. 17, 15-16) en estas líneas se traduce como “El Señor es mi estandarte.” Así se expresa Moisés reconociendo que Dios le dio la victoria ante Amalec y lo menciona como su estandarte.
Significa el Señor Sanador. (Ex. 15, 25-26) Desde el antiguo testamento encontramos a Dios sanando en primera persona, o enviando a sus mensajeros a administrar sanación.
Su significado es “Señor de los ejércitos”. Él nos dirige en la batalla, como dirigió tantas veces a su pueblo y quedó testimonio de ello en el Antiguo Testamento.
Significa fuerza o fortaleza. Jesús es nuestro cimiento, suficientemente fuerte para edificar sobre Él nuestros planes, nuestras decisiones, nuestro futuro, o para recargarnos sobre Él.
Somos hechos por Dios. Llevamos un sello en nosotros que dice “Madein heaven.” Somos un recordatorio de que Alguien tuvo la dedicación, el tiempo y el aprecio de hacernos.
En nuestro lenguaje se traduce el Señor es Santo. Jesús también es reconocido por sus discípulos con este atributo: “Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios.”